Pobreza, dignidad y derechos humanos.

Fecha: 23-11-2016


Intervención de la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril en el  XXI Congreso de la Federación Iberoamericana de Ombudsman (FIO).  Santa Cruz de Tenerife – 23 de noviembre de 2016.


La pobreza, y la pobreza extrema, son situaciones estrechamente relacionadas o, mejor dicho, enfrentadas con los derechos humanos, pues los millones de personas que están en esa situación no tienen, carecen de los derechos fundamentales de la Declaración Universal ni de ninguna Carta  o Convenio sobre Derechos Humanos.

Según datos del Banco Mundial de 2013, 767 millones de personas subsistieron por debajo de los índices de pobreza de 1,9 dólares al día por persona. Según este índice casi 11 personas de cada 100 habitantes del planeta, el 10,7% de la población mundial, eran pobres. Estas cifras que nos parecen escandalosas representan una disminución del 1,7 de puntos porcentuales respecto del índice de la pobreza en 2012. La disminución se explica, principalmente, por el menor número de personas en situación de pobreza extrema en dos regiones, Asia Oriental y Pacífico y Asia Meridional.

Se puede afirmar que desde 1990 a la proyección de 2015 de las mismas fuentes, la proporción de pobreza -población por debajo de los 1,9 dólares al día- ha descendido del 37,1% al 9,6%. Es conveniente resaltar estos descensos en todo el mundo porque muestra, entre otras cosas, que la disminución de la pobreza si es posible

¿Quiénes son los pobres? Son personas que viven fundamentalmente en zonas rurales, son jóvenes, tienen escasa o nula educación y forman parte de familias extensas. El 80% de los pobres del mundo viven en zonas rurales, y el 39% no ha recibido ningún tipo de educación formal. Y en el mundo hay 780 millones de adultos analfabetos, de los cuales casi dos tercios son mujeres.

Existe una correlación inversa entre el nivel educativo y la pobreza. Los perfiles de edad confirman que la probabilidad de que los niños sean pobres es mayor que la de los adultos. Los menores de 18 años, sigo con datos del Banco Mundial, representaban la mitad de los pobres mundiales en 2013, y los menores de 0 a 14 años conforman un porcentaje especialmente elevado del índice de recuento de la pobreza.

Naciones Unidas, el Banco Mundial y organismos internacionales conceden especial importancia a la educación, a las inversiones en educación: escuelas, profesores, profesores de apoyo, material escolar, profesores especialmente capacitados para situaciones difíciles, para lugares apartados de poblaciones más avanzadas o desarrolladas.

Hoy tenemos instrumentos que apenas existían hace 20 años para extender la educación: nuevas tecnologías que pueden suponer una verdadera revolución en este campo. Porque la aproximación entre profesores y alumnos que están a grandísimas distancias va ser posible, porque clases y estudios podrán, y pueden de hecho, ser compartidos entre miles y miles de alumnos que están en lugares muy apartados unos de otros o en lugares a los que es difícil acceder.

Al igual que hoy se puede transmitir en directo o diferido una intervención quirúrgica excepcional a doctores de decenas de hospitales en el mundo, las enseñanzas en lenguas compartidas podrán ser una realidad para cientos de miles de personas adultas o menores. Me constan los  esfuerzos de empresas de telecomunicación, hoy en día, en el campo de la educación para lograrlo. Pero mientras esto llega debemos insistir en que la educación es elemento fundamental para salir de la pobreza. No hay inversión más rentable que la del conocimiento decía Benjamín Franklin.

El último informe de Cáritas y de la Fundación Foessa (fundación de estudios sociales y sociología aplicada de gran prestigio y solvencia de España) está especialmente dedicado a la transmisión intergeneracional de la pobreza y nos dice que 8 de cada 10 personas, en España, que vivieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia, las viven en la actualidad como adultos. A este mayor riesgo que tienen las personas que han vivido en su primera etapa vital dentro de un hogar en pobreza, de sufrir situaciones de pobreza en su vida adulta, es lo que Cáritas denomina “transmisión intergeneracional de la pobreza”. Podríamos concluir, pues, que la pobreza también se hereda pero también podríamos añadir que, hoy se puede evitar este tipo de herencias tan desgraciadas porque los países pueden crecer, abrirse a campos nuevos, adoptar los descubrimientos científicos recientes sin dejar atrás, las grandes conquistas humanas de los derechos, las libertades, las elecciones libres…la presunción de inocencia y tantos derechos que quienes disfrutamos a diario de ellos nos olvidamos de que son millones los que no los conocen, todavía.

El lugar escogido para este Congreso, las Islas Afortunadas, conocidas por griegos, por romanos, descritas por Plinio el Viejo, y esta isla de Tenerife declarada patrimonio de la Humanidad por la Unesco en tres ocasiones, por la ciudad de la Laguna, por el parque del Teide y como Reserva de la Biosfera, ha sido un acierto y conservaremos un extraordinario recuerdo de ello. Ha sido muy Afortunado.

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